EL MILESIMO HOMBRE
Por Rudyard Kipling
(Traducción de Guillermo Valencia)
“Un hombre entre mil –dijo Salomón-
nos defenderá mejor que un hermano”.
Buscarlo veinte años no es esfuerzo vano
Si al fin conseguimos tener su adhesión.
Novecientos noventa y nueve testigos
Verán en nosotros lo que el mundo ve,
pero el Hombre Mil ama a sus amigos
aunque todo un pueblo les niegue su fe.
No son tus presentes ni son tus proezas
Los que han de moverle a ir a tu hogar.
Novecientos noventa y nueve nos han de juzgar
Según nuestra gloria o nuestras riquezas.
Por él –¡oh hijo mío! –si le has encontrado,
puedes entregarte tranquilo a la mar
porque el Hombre Mil habrá de saltar
y hundirse contigo si no te ha salvado.
Si tomares su bolsa, no le molestará;
si le ofreces la tuya no la querrá admitir,
y al apuntar el día le verás acudir
y con frases de afecto contigo charlará.
Novecientos noventa y nueve amigos en los goces
por el oro y la plata venderte han decidido,
pero tu Hombre Mil a los que ha escogido
no los ofrendará a estos dioses feroces.
Sus derechos son tuyos y tus faltas las suyas,
tu voz será su voz y su techo tu casa,
que su juicio sea cierto o su razón escasa,
sostenle -¡oh hijo mío! – y nunca le rehúyas.
Novecientos noventa y nueve que a tu lado hoy ves
te rinden servidumbre que a la desgracia cede,
pero tu Hombre Mil contigo retrocede
hasta el pie de la horca y acaso hasta después.
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